Gabrielle “Coco” Chanel

Gabrielle Chanel, fue mucho más que una diseñadora. Fue ella quien revolucionó la moda: acortó las faldas revelando los tobillos, soltó la cintura contraída por años debido al uso del corsé e incorporó en la alta costura textiles como el tweed y el jersey, este último exclusivo de la ropa deportiva hasta ese momento.

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Con sus “liberales” diseños y actitud, Chanel fue una de las impulsoras de la emancipación de la mujer en el siglo XX.

Vestida de negro, con un look de aire masculino, pelo corto, largas filas de collares de perlas y un cigarrillo en mano, fue como comenzó a crear su propia imagen y la de su casa de moda.

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Abandona por su padre a los 12 años tras la muerte de su madre, creció en el orfanato de la Abadía de Aubazine donde junto a su hermana, fue educada por monjas. Ese espacio austero, vestidos negros con detalles en blanco y dorados ornamentos religiosos, llevaron a la futura Mademoiselle Chanel a rechazar las elaboradas y recargadas prendas de su época. Favoreció los cortes sencillos en sus diseños y prefirió colores como el negro, el blanco, el oro y el rojo, este último en representación de la sangre y la pasión.

Trató de esconder su humilde pasado, omitiendo sus días de costurera y noches de cabaret donde solía cantar la canción “Qui a vu Coco”, por la cual la comenzaron a llamar Coco.

Su deseo de sobre salir y ser una mujer libre e independiente a principios del siglo XX, la llevó a triunfar sobre sí misma. Se abrió camino en la aristocracia europea impactando a la sociedad al vestir pantalones mientras se negaba a montar a caballo de lado, la forma correcta en ese momento para las damas.

En las fiestas de verano, cansada de ver sombreros tratando de imitar un jardín debido a la cantidad de flores y moños, Coco prefería lucir un pequeño sombrero de paja decorado solo por una cinta de color. Bajo este concepto de accesorio, abrió su primera tienda.

En 1918 trasladó su atelier y almacén a la Rue Cambon 31 en París. Sentada en las escaleras y escondida de todas las miradas, observó cada una de sus modelos descender de estas durante los desfiles. Gracias a las paredes de espejos mientras las modelos caminaban por las hoy famosas escaleras, Gabrielle lograba multiplicar de forma infinita cada uno de los diseños.

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En su atelier, con ojo crítico, alfileres en una mano y un cigarrillo en la otra, revisó, arregló y ajustó sobre las modelos y clientes cada una de las prendas durante 65 años. No dejando nada al azar, antes de morir a los 88 años en enero de 1971, diseñó su propia tumba.

Mademoiselle por siempre, perdió al gran amor de su vida; el británico Boy Capel murió en un accidente de automóvil. Fue él el primero quien creyera en ella como la mujer que podía llegar a ser y fue. Nunca recuperándose de esta perdida, decidió que no podía morir, sino vivir para continuar con lo que ambos habían comenzado: la leyenda Chanel.

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Coco Chanel y Boy Capel

Son varios los amantes atribuidos a Gabrielle; con cada uno de ellos descubría nuevos elementos como inspiración para incorporar en sus colecciones. Con el Duque de Westminster conoció el tweed, el tejido de punto de los suéteres que vestía en su barco y los chalecos y sombreros de su tripulación.

Coco Chanel comenzó a moverse en la escena bohemia de París. Allí conoció a grandes artistas como Picasso y al compositor ruso Stravinski, con quien se llegó a decir tuvo una relación – tema de la novela Coco and Stravinski de Chris Greenhalg. Fue durante esos años, cuando Coco conoce a Ernest Beaux, perfumero de los zares.

En 1921 fue él, quien con su olfato único y la perseverancia de Coco, crearon un bouquet de más de 80 flores el cual se transformó en un misterioso perfume debido a su compleja composición: N° 5. Nombre adquirido por haber sido la quinta prueba presentada por Beaux, pero también número de la suerte de Chanel, quien creía en la magia y poder detrás del cinco.

Cada noche, al salir de su atelier para dirigirse a su suite en el Hotel Ritz de París, una de sus dependientes llamaba al hotel para que alguien pudiera rociar unas gotas del perfume a lo largo del pasillo. De esta forma, Chanel inhalaba su perfume en el interior del lujoso hotel.

Con la invasión Nazi en París durante la Segunda Guerra Mundial, Coco Chanel se ve obligada a cerrar su taller y huye a Suiza. Una época de rumores e incertidumbres en la vida de Mademoiselle. Se dice que llegó a aliarse con los nazis e incluso a ser la amante de un alto rango de las SS.

En 1954 a la edad de 71 años reabre su taller. Escandalizada con la nueva silueta de la época donde la cintura se entalla y las mujeres visten y actúan con poca libertad, Chanel presenta su colección una vez más observando a cada una de sus modelos desde las escaleras.

Su colección fue destrozada por la prensa francesa quien la calificó de “Un fiasco” y “El fantasma de los vestidos de 1930”. Pero, la revista Life de Estados Unidos, solo tuvo elogios titulando “Gabrielle Chanel trae más que un estilo, una revolución”. Estrellas de Hollywood encabezaron la lista de mujeres deseosas de vestir los sastres de tweed de la couturier francesa.

Y es que Coco Chanel, quien murió un domingo, único día cuando no laboraba, quien mantenía una pequeña estatua a su lado: un león – su signo zodiaco y animal con el cual se identificaba – dejó un legado. Un eterno estilo tan atemporal como su Little Black Dress.

Porque “erase una vez Chanel” vivirá por siempre.

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