El tesoro perdido de los Armas

Mi papá siempre ha sido un deportista apasionado, pero más que eso, es un amante y conocedor de Colombia. Durante los años de universidad, recorrió el país caminando, trotando e incluso haciendo auto stop en la carretera, de esta forma conoció casi cada rincón de nuestro país.

Y fueron precisamente esas historias, sus caminatas, las que me contaba a la hora de dormir: describía ríos cristalinos, como dormía en casas campesinas en improvisadas camas de heno e incluso noches a orillas de los ríos cuando en ocasiones debían salir corriendo dejando todo atrás para evitar ser arrasados por las corrientes crecidas.

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Los tiempos cambian, los padres son más protectores con las hijas y a eso se sumó la complicada situación del país mientras yo crecía, por lo que mis vacaciones fueron muy diferentes a las suyas.

Pero ahora, una vez más, es posible recorrer caminos de arrieros y visitar ríos y lugares donde la naturaleza es protagonista. Es así como mi papá, decidido a que nosotros conozcamos más de Colombia, ha resuelto empezar de nuevo con estos paseos.

Fue con esa idea como dormimos en un pequeño hotel en Abejorral, Hotel las Abejas, para madrugar al otro día y poder apreciar desde lo alto de la montaña el lugar donde el río Aures desemboca en el Arma. Una vez arriba, comenzó nuestro descenso por una empinada montaña, un camino en zigzag casi oculto debido a los matorrales acompañados por un fuerte concierto de chicharras las cuales se iban apagando a medida que nos íbamos acercando al río.

Una vez en la orilla del río, comenzamos nuestro picnic bajo la sombra de los árboles. Fue allí, en una pequeña isla entre el Aures y el Arma, donde mi papá me contó la leyenda de los indígenas Arma y el Cacique Pipintá.

Cerca al río Arma vivían los indígenas Cuy-cuyes quienes explotaban oro a las orillas del río. La leyenda habla de una enorme riqueza, pues los nativos creaban una gran variedad de objetos en oro para decorar sus cuerpos.

En 1540, el capitán español Jorge Robledo de origen Andaluz, quien fue conocido como el Conquistador de Antioquia, se topó en su recorrido por estas tierras con los indígenas Cuy-cuyes.

Estos, bajo el mando del Cacique Pipintá, dispuestos a defender su territorio y tesoro, salieron al encuentro de los recién llegados vistiendo diademas, brazaletes y petos de oro, asimilando una armadura. Los indígenas fueron llamados por el capitán Robledo como los Indios Arma.

Al ver semejante despliego de piezas en oro, comenzó a correr la voz entre los españoles de estar al frente de una de las tribus más ricas del occidente colombiano.

Bajo el mando del Cacique Pipintá, los Cuy-cuyes escondieron su tesoro. “A la llegada de los españoles y con todos los encuentros bélicos que tuvieron, los indios armados cargaron el oro y todos sus tesoros en mulas, durante cuarenta lunas y cuarenta noches, para esconderlo en un lugar seguro llamado Pipintá”.

Los españoles no dudaron en emprender la búsqueda del tesoro escondido, el cual llamaron El gran tesoro del Cacique Pipintá. El Cacique se negó a entregar la ubicación del escondite, y el capitán Robledo en su desespero y afán por entregar una fortuna a la corona española, capturó a los indígenas a quienes encarceló para mutilarlos uno a uno. Una acción desesperada en mostrar su inmenso poder sobre ellos y en la esperanza de alguna confesión de la ubicación del preciado tesoro.

Pero aún viendo los cuerpos de sus compañeros esparcidos en el suelo, los indígenas guardaron el secreto. El tesoro se convirtió en leyenda y han sido numerosas las expediciones en Aguadas, Pácora y Salamina en búsqueda del tesoro. Se cuenta que este está encantado: algunos arrieros han llegado a verlo pero inmediatamente vuelven a perderlo de vista.

Casi 500 años después, el tesoro de Pipintá sigue sin ser encontrado, esperando pacientemente el paso de los años, otra leyenda similar a la de El Dorado.

Jorge Robledo, capitán y conquistador español, fue acusado de usurpar sus fueros, por lo que fue enviado de regreso a España, donde finalmente fue absuelto. En 1546 fue capturado por Sebastián de Belalcázar quien lo sentenció a muerte. Entre ambos españoles existía una fuerte rivalidad por conquistar los territorios del nuevo mundo.

Para mayor información sobre las caminatas visita www.tomacamineraabejorral.com

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